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Estos amuletos están compuestos de latón (brass) forjado que envuelve algodón natural con sus semillas, cosechado del árbol de algodón situado en el patio del Museo Arqueológico Regional de Altos de Chavón.

 

El caparazón está hecho de latón (brass), el cual era considerado un metal sagrado que era usado para hacer instrumentos de adoración desde la antigüedad hasta el Budismo y el Cristianismo. Este fuerte metal era el símbolo de la incorruptibilidad e inmortalidad tanto como la justicia inquebrantable. 

 

El ‘nido’ de latón está compuesto de una sola tira midiendo 18cm de largo, el 18 representa el año. En la numerología, el 18 representa el humanitarismo, la independencia, la autodeterminación, la filantropía y el construir algo de beneficio duradero. La esencia del 18 incluye la generosidad, la educación, la información y la sofisticación. El 18 también denota la tolerancia, compasión, eficiencia, mezclar bien con otros, igual que planificar y ejecutar proyectos. Con el bienestar de la humanidad como prioridad, el 18 no juzga los valores de otros, ni estilos de vida, géneros, ascendencia, raza, creencias, etc. 

 

El interior está relleno con algodón y sus semillas. El algodón es un interior suave y absorbente que representa el éxito, la abundancia y la prosperidad. También representa la promesa del bienestar y la plenitud para hacer el trabajo que uno desea hacer en el mundo. El acto de recibir algodón connota que uno será bendecido mucho más allá de lo que uno mismo esperaba. La semilla representa la potencial y posibilidades, y el árbol que crecerá de la semilla representa la conexión entre el cielo y la tierra simbolizando la vida en desarrollo constante, siempre elevándose hacia el cielo. 

 

La idea original del amuleto nace de los huracanes Irma y María que iniciaron el año escolar en septiembre 2017, pero al hacerlos, los comencé a ver como una especie de nido o capullo. El huracán representa una sinergia cósmica porque involucra los cuatro elementos; aire, agua, fuego y tierra. En culturas antiguas, el huracán se veneraba como una deidad. Con su fuerza representa el poder de la transformación y la evolución. Por su forma espiral y su movimiento rotativo, se asocia con formas que se encuentran en toda la naturaleza desde los tejidos de nidos y capullos hasta y la órbita de los planetas alrededor del sol y el movimiento de las galaxias. En fin, el huracán y el nido se relacionan. Los nidos y capullos cargan la energía de protección, metamorfosis, restauración y renacimiento, igual que la energía de transformación del huracán. El movimiento del orbital representa la conexión entre la consciencia externa y el alma interior, igual que el progreso, desarrollo y expansión natural de los elementos del universo.